La iglesia: La Iglesia es creada por Dios; ella es el pueblo de Dios. Cristo Jesús es su cabeza y su Señor; el Espíritu Santo es su vida y su poder. Es tanto divina como humana, celestial y terrenal, ideal e imperfecta. Es un organismo, no una institución estática. Existe para cumplir los propósitos de Dios en Cristo. Ella ministra a las personas con el amor del Redentor.
El Lenguaje de la Adoración: Según la Palabra de Dios y la costumbre de la Iglesia Primitiva, la adoración pública, la oración y la administración de los sacramentos, debe efectuarse en un lenguaje entendido por el pueblo. La Reforma aplicó este principio para asegurar el uso del lenguaje común de la gente. Asimismo, es claro que el apóstol Pablo pone el más fuerte énfasis en la manifestación racional e inteligible de la adoración. No podemos aceptar las prácticas que violan flagrantemente estos principios escriturales.
Los Sacramentos: El Bautismo con agua y la Cena del Señor son los sacramentos de la Iglesia instituidos por Cristo. Ellos son medios de gracia por la fe, pruebas de nuestra profesión de fe cristiana y signos del gratuito ministerio de Dios hacia nosotros. Por ellos, él obra dentro de nosotros para vivificar, fortalecer y confirmar nuestra fe.