3.- EL ES CONOCIDO POR LA SANTA BIBLIA
La Santa Biblia contiene la revelación de Dios al hombre. Puesto que la Biblia es el único registro auténtico de esta revelación, es de suma importancia saber que la Biblia es la Palabra de Dios.
La Santa Biblia Es la Palabra de Dios
La importancia de esta creencia: La Disciplina de la Iglesia Metodista Libre en su Artículo de Fe número V dice, “Las Santa Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la salvación; de modo que no debe exigirse que hombre alguno reciba como artículo de fe, ni considere como requisito necesario para la salvación nada que en ellas no se lea ni pueda por ellas probarse”. Esta cita muestra claramente la importancia de la Biblia y porque es necesario estar convencido de que la Santa Biblia es la Palabra de Dios- ¡porque nuestra salvación depende de ella!
Como Dios Escribió Su Libro: Cuando se les dice a algunas personas que David escribió los Salmos, Pablo las Epístolas, etc., ellos preguntan, “¿Cómo puede ser la Biblia la Palabra de Dios si fue escrita por hombre?” La Biblia fue escrita por manos de hombres, pero por manos de hombres inspirados y dirigidos por Dios. Por supuesto, cada uno retenía sus propias características (el campesino usaba ilustraciones del campo, e l poeta escribía en versos, etc.) pero fueron dirigidos por Dios de tal manera que no se equivocaron en su presentación de la verdad.
Pruebas de que la Santa Biblia es la Palabra de Dios: Es tan importante que tengamos confianza en la Biblia como la Palabra de Dios que dedicaremos un poco de tiempo para probar que es así.
Pruebas de las Páginas de la Biblia: Dios declara en el Antiguo Testamento que Moisés conoció a Dios cara a cara, “Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara” (Deuteronomio 34:10). Además declara que habló por medio de Moisés y Aarón, “ y Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mandaré, y Aarón tu hermano hablará a Faraón” (Éxodo 7:1-2). También dice David, “El espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha sido en mi lengua” (II Samuel 23:2). Y Jeremías testifica diciendo, “Fue pues, palabra de Jehová a mí, diciendo.” (Jeremías 1:4). Todas estas citas son del Antiguo Testamento y muestran que Dios habló por sus siervos en la antigüedad.
Jesucristo declara en el Nuevo Testamento que el Antiguo Testamento es la Palabra de Dios, y que habla de El y su vida. “Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dichoç1 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarables en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:24-27). (Véase también Lucas 24:44-45; Mateo 15:3, 6; Juan 10:35). Además, Cristo declara que El mismo hablaba las palabras de Dios cuando dijo: “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues no da Dios el Espíritu por medida” (Juan 3:34).
Los Apóstoles declaran que la Biblia es inspirada. Hay muchas expresiones de los Apóstoles concernientes a la inspiración de la Biblia. San Pedro dijo en II Pedro 1: 21, “Porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo”. San Pablo le escribió a Timoteo, “Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada divinamente y útil par enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra” (II Timoteo 3:15-17). Pedro pone las declaraciones de los Apóstoles a la altura de las profecías de los profetas cuando dice, “Para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y de nuestro mandamiento, que somos apóstoles del Señor y Salvador “ (II Pedro 3:2). (Véase también II Timoteo 3:16-17; Hechos 1:16; II Pedro 3:15-16; Gálatas 1:6; I Corintios 2:12-13; Apocalipsis 1:10; 22:6)
Vemos, pues, que hay abundantes pruebas en las mismas páginas de la Biblia de que fue inspirada por Dios.
Pero estamos limitados a la evidencia de las páginas de la Biblia. Examinaremos otras pruebas de que la Biblia es la Palabra de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, si no fuere Dios, sus palabras son también de Dios. Así que una prueba poderosa de la inspiración de la Biblia se encuentra en los milagros de Jesús.
Jesús enseñó claramente que sus milagros eran una prueba de su divinidad y que probaban que tenía derecho a perdonar los pecados. “Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonaos, o decirle: Levántate y toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico): A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete a tu casa” (Marcos 2:8-11). Los milagros de Jesús tales como sanar a los leprosos, echar a los demonios, andar sobre la mar, resucitar a los muertos, levantarse de la tumba y ascender al cielo prueban sin lugar a duda que era Dios, y si El era Dios, sus palabras son las palabras de Dios.
Otra evidencia de que la Biblia es la Palabra de Dios se encuentra en las profecías cumplidas. Cristo indicó en Juan 14:29 que el propósito de la profecía era ayudar nuestra fe en El. “Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creáis.” Las profecías, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, ayudan a nuestra fe y prueban que la Biblia es la Palabra de Dios porque tantas de ellas se han cumplido ya y otras se están cumpliendo día tras día.
El éxito del cristianismo es otra prueba de que la Biblia es la Palabra de Dios. Cuando los perseguidores de los primeros cristianos en Jerusalén trataban de callar a los apóstoles, el sabio Gamaliel les aconsejó con estas palabras, “Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis deshacer” (Hechos 5: 38-39). El cristianismo ha seguido creciendo y ha cubierto el mundo a pesar de toda oposición. Esto es una prueba de que fue fundado y dirigido por Dios. Como los cristianos viven según los preceptos de las Sagradas Escrituras, su éxito es una prueba clara de que la Biblia es la Palabra de Dios.
La Historia de la Santa Biblia
El Antiguo Testamento contiene los cinco libros de la ley de Moisés, llamados el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio); doce libros históricos (Josué, Jueces, Ruth, I y II Samuel, I y II Reyes, I y II Crónicas, Esdras, Nehemías y Esther); cinco libros poéticos (Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares); cinco profetas mayores (Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel); y doce profetas menores (Oseas, Joel, Amós Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías). Estos libros, por medio de la historia, las leyes, las poesías y las predicaciones de los profetas nos muestran la revelación de Dios a los hombres de la antigüedad antes de la venida de Cristo.
Cristo y los apóstoles reconocieron el Antiguo Testamento como la verdadera revelación de Dios y mostraban por ello que Cristo era el Mesías y que El vino en cumplimiento de las profecías. El Antiguo Testamento era, y todavía es, la Biblia de los judíos. La guardaban celosamente, y no le permitían a nadie jugar con su sagrado contenido.
Los Libros Apócrifos no formaron parte del Antiguo Testamento en el hebreo. Los judíos tenían mucha literatura religiosa, como nosotros, que no consideraban inspirada por Dios ni parte de la Biblia. Cerca del año 250 antes de Cristo un rey de Egipto llamado Tolomeo decidió reunir todos los libros importantes en el mundo y traducirlos a su propio idioma que era el griego. Este rey comisionó a 70 judíos para traducir sus escrituras y otra literatura al griego. Estos judíos tradujeron el Antiguo Testamento y algunos otros libros religiosos que no se consideraban parte del Antiguo Testamento, puesto que fueron comisionados para traducir su literatura y no solamente la Biblia. Su traducción se conoce como la Versión de los Setenta.
Cuando Jerónimo quiso traducir la Biblia al latín, hizo uso de la Versión de los Setenta en su estudio. Aunque se dio cuenta de que los libros apócrifos no formaban parte del Antiguo Testamento original, sin embargo los tradujo y los dejó en su Biblia, pero con una nota explicando que no formaban parte de la Biblia originalmente. Como en la Iglesia Católica Romana ha seguido la traducción de Jerónimo, estos libros apócrifos han quedado en su Biblia y hoy son considerados por ellos como válidos igual que los libros inspirados.
La iglesia Evangélica nunca ha aceptado estas adiciones a la Biblia, puesto que los judíos no las han aceptado nunca, tampoco Jesús y los apóstoles las aceptaron, porque aunque citaban mucho de la Versión de los Setenta, nunca citaban pasajes de esos libros espurios. Además, los apócrifos contienen muchos errores históricos, y doctrinas falsas, y no pretenden ser inspirados. Por estas y otras razones los evangélicos no aceptan los libros apócrifos como parte de la Biblia.
El Nuevo Testamento contiene los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan); Los Hechos de los Apóstoles; Catorce Epístolas de San Pablo (Romanos, I y II Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, I y II Tesalonicenses, I y II Timoteo, Tito, Filemón y Hebreos; siete Epístolas Generales (Santiago, I y II Pedro, I , II y III Juan, Judas); y la Revelación de Juan.
Estos libros fueron preservados cuidadosamente puesto que eran las palabras de Jesucristo y los apóstoles. Las iglesias los copiaban con cuidado hasta tener una copia de cada uno. Con la invención de la imprenta fueron todos impresos en un solo volumen como hoy.
Puesto que nosotros creemos que las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la Salvación nos conviene reverenciarlas y estudiarlas para conocer la voluntad de Dios.