4.- EL ES CONOCIDO POR SU PRESENCIA EN CADA INDIVIDUO

Hay una revelación de Dios directamente al corazón de cada individuo. Es preciso cultivar este contacto con Dios. Sin embargo es peligroso guiar la vida religiosa exclusivamente por esta “luz interior” como algunos hacen, porque concuerdan con los propios deseos o prejuicios del individuo. Además, Satanás se muestra como un “ángel de luz” y fácilmente puede confundir a la persona sencilla. Hay que tener una norma absoluta fuera del individuo. Esta norma es la Biblia estudiada en la lección III. Cuando la revelación interior concuerda con la Palabra de Dios en la Biblia, uno puede estar seguro que es de Dios. Ahora vamos a estudiar esta revelación interior.

La Conciencia

Cuando el doctor Byron S. Lamson, Secretario General de Misiones de nuestra iglesia estaba en África visitando la obra misionera, predicó a una congregación de cientos de africanos. El dice que era claro que esos pobres paganos no eran capaces de entender su mensaje. Pero cuando se les dijo, “vamos a orar a Dios” cada uno se postró en tierra con reverencia. Aunque eran del corazón del África sabían que hay un Dios y que hay que rendirle reverencia. Eso es lo que se llama la “chispa divina” en cada corazón que el pecado no ha podido borrar.

También la conciencia alaba los hechos buenos de una persona y le remuerde cuando hace cosas malas. Algunos dicen, “mi conciencia es el único guía que necesito”. Eso no es verdad porque después de violar la conciencia o ignorar sus advertencias, muchas veces cesa de funcionar como en el principio. Hay que sujetarse a las Santas Escrituras como la última norma de fe. Es posible, sin embargo, cultivar la conciencia por el estudio de la Biblia hasta que llegue a ser de gran ayuda en nuestra vida espiritual.

El Testimonio del Espíritu

Además de la conciencia, el convertido tiene la evidencia del Espíritu de Dios de que ha sido perdonado. Juan Wesley dijo, “El testimonio del Espíritu es una impresión interna en el alma, por medio de la cual el Espíritu de Dios testifica directamente a mi espíritu, que soy hijo de Dios; que Jesucristo me amó, y se dio a sí mismo por mí; y que todos mis pecados son borrados, y que yo, yo mismo, soy reconciliado con Dios” (Wiley-Culbertson, “Introducción a la Teología Cristiana,” pág. 328). San Pablo dijo, “El mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). El testimonio del Espíritu es una experiencia que sólo el convertido tiene, y por la cual puede conocer a Dios mejor que los inconversos.

La Comunión del Creyente con Dios

El creyente puede tener comunión diaria con su Dios. Por medio de la oración puede hablar con Dios y recibir instrucciones de El. Por medio de himnos puede elevar su espíritu a Dios. Leyendo las páginas de las Sagradas Escrituras puede oír de nuevo la voz de Dios. En los cultos puede recibir bendiciones de “la presencia del Señor”. El creyente es privilegiado sobremanera grande por esta comunión con Dios. No hay duda en su corazón de la existencia de Dios.