Pasamos ahora a considerar la condición del hombre en la vida futura más allá de la tumba. Hasta ahora en nuestros estudios hemos estado tratando de acontecimientos históricos o presentes. De éstos podemos tratar con seguridad, pero en esta última lección vamos a hablar del cielo o el mundo más allá de la muerte. De ese mundo sabemos muy poco, y lo poco que sabemos nos ha sido revelado por las profecías. La profecía no se ocupa de detalles, de modo que lo que sabemos es sólo un bosquejo de los eventos futuros. Quisiéramos saber mucho mas del cielo, pero Dios no nos ha revelado mas que lo esencial para nuestro bien. Discutiremos algo de lo que Dios nos ha dicho.
El Estado de los Muertos
Tres pasajes de la Biblia nos ayudan a ver el estado de los muertos en Cristo. Romanos 8:38 nos asegura que la muerte no nos puede separar de Cristo. Apocalipsis 14:13 enseña que es un estado de bienaventuranza y reposo, y San Pablo en II Corintios 5:8 dice que quisiera partir del cuerpo para estar presente con el Señor. Combinando estas tres ideas sabemos que los muertos que mueren en Cristo están en la presencia del Señor en un estado de bienaventuranza y reposo gozando del amor de Cristo.
Los malos no pueden ir a la presencia del Señor y por lo tanto existen en un estado de sufrimiento e inquietud, separados de Dios. La historia del rico y Lázaro en Lucas 16:19-31 es una descripción dada por nuestro Señor mismo de la condición de dos hombres- uno recto y el otro malo-después de su muerte y antes del juicio final.
La Segunda Venida de Cristo
Los evangelios cuentan de la primera venida de Cristo a este mundo. Sabemos que nació de la Virgen María y que vivió entre los hombres, por fin muriendo por nuestros pecados en la cruz. Después fue sepultado, pero resucitó de los muertos y subió al cielo. Pero antes de irse dejo la promesa de que volvería otra vez. En Hechos 1:11 los ángeles dijeron a los discípulos: “Varones galileos, ¿Qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Y en Juan 14:2-3 Jesús dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Y en Judas 14 y 15 dice: “He aquí, el Señor contra todos, y a convencer a todos los impíos de entre ellos tocante a todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente, y a todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él”.
Estas tres citas muestran que Cristo volverá otra vez a este mundo. Esta segunda venida será con el propósito de recibir a los suyos y llevarlos a estar con El en la gloria y para juzgar a los impíos (Véase también Hebreos 9:28; Apocalipsis 1:7; Mateo 26:24).
Sabemos también que su venida será inesperada: “Empero del día y hora nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo” (Mateo 24:36), y que será abierta y conocida de todos los hombres. En Lucas 17:24 dice: “Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.” Y en Apocalipsis 1:7 dice: “Todo ojo le vera”.
El Milenio
Cristo habla de un período de mil años cuando la justicia y la paz reinarán sobre la tierra. Este período se llama el milenio. Ha habido muchas diferencias de opiniones acerca del tiempo y manera de establecer este reino. Algunos creen que Cristo vendrá al mundo otra vez con sus santos y establecerá un reino temporal en la tierra por mil años. Otros piensan que antes de la venida de Cristo la Iglesia triunfará en su lucha contra el pecado de tal manera que habrá una edad floreciente de paz por mil años, entonces vendrá Cristo para recibir a los suyos. Otros mantienen que debemos entender estas palabras en un sentido espiritual y no creen que Cristo venga para establecer un reino temporal en el mundo.
La verdad es que no hay suficientes datos en la Biblia para probar concluyente ninguna de estas interpretaciones, y no es esencial para nuestra salvación saber todo esto con certeza. Basta que el cristiano esté listo para la venida de su Señor cuando El aparezca.
La Resurrección del Cuerpo
El hombre en su presente cuerpo no podría soportar la gloria de los cielos ni los sufrimientos del infierno. En Juan 5:28-29 Cristo nos dice que “vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de condenación”. Vemos, pues que todos, los justos y los malos, resucitarán de la tumba. En su cuerpo resucitado irán a su destino eterno- a los cielos con Dios o al infierno con Satanás.
El Juicio Final
Nuestro Artículo de Fe XVI dice: “Dios ha señalado un día en que juzgará al mundo en justicia por medio de Jesucristo, conforme al Evangelio. Los justos tendrán en el cielo una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse. Los malos irán al castigo eterno, donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga”. El Apóstol Juan describe este Gran Día del Juicio en Apocalipsis 20:11-13 así: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él delante del cual huyó la tierra y el cielo; y no fue hallado el lugar de ellos. Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fue hecho juicio de cada uno según sus obras”.
Puede haber confusión acerca del tiempo y manera de la venida de Cristo, pero de una cosa estamos ciertos: Habrá un Día de Juicio en el cual todos seremos juzgados, y cada uno recibirá la justa recompensa de su vida y hechos aquí. Hagamos todo nuestro esfuerzo de vivir la vida cristiana para que podamos recibir el galardón de vida eterna con Cristo