¿Cómo Entró el Pecado al Mundo?

El Estado Original del Hombre.- El hombre que Dios hizo en el principio no era como el hombre de hoy. Adán fue hecho a la imagen de Dios. El era santo y tenía comunión íntima con su Creador. Dios andaba y conversaba con él. Su felicidad era completa, ya que no conocía el pecado ni remordimiento de conciencia. Era muy sabio porque nombró a todos los animales según sus características y podía conversar con Dios. Tenia libre acceso al árbol de la vida y, por lo tanto, no tenía que morir (Véase Génesis, capítulos 1y2).

El Libre Albedrío.- El universo, igual a todas las cosas materiales, fue hecho por Dios y obedece las leyes que El puso para gobernarlo. El hombre se llena de admiración cuando contempla la perfección de la creación de Dios y ve la exactitud con que los cuerpos celestiales giran en sus orbitas. Hasta cierto punto, esto es agradable a Dios y le da placer verlo en función. Pero cuando hizo al hombre decidió darle responsabilidad moral. En lugar de obedecer obligadamente las leyes de Dios como el mundo material, el hombre fue dotado de razón y el privilegio de hacer sus propias decisiones siendo responsable a la vez por los resultados de sus actos. Llamamos a esta doctrina el libre albedrío.

Algunas personas no quieren aceptar esta verdad. Dicen que Dios es supremo sobre toda la creación y puede controlar los actos y el destino del hombre. Enseñan que el hombre no puede decir “no” a Dios sino que tiene que obedecerle igual como las cosas materiales obedecen las leyes de la naturaleza.

La Biblia sí enseña que Dios es supremo sobre todo, pero que en ocasiones El ha limitado su poder. Por ejemplo: Sabemos que Jesucristo es Dios, pero cuando estaba en este mundo no podía estar en todas partes y que por fin murió en una cruz. La Biblia nos enseña que Dios esta en todas partes y que es eterno. El nunca muere. ¿Tenemos que concluir, pues, que Jesucristo no era Dios porque no podía estar en todas partes y porque murió? ¡No! Es claro que Dios , para poder revelarse a la humanidad y morir en la cruz por nuestros pecados aceptó las limitaciones de un cuerpo humano. Dios voluntariamente, y por su propio deseo se limitó a un cuerpo humano durante su tiempo en esta tierra y murió en la cruz por nuestros pecados.

De igual manera Dios no tenía que extender al hombre el libre albedrío, o la responsabilidad de escoger entre el bien y el mal. Podía haberle hecho tal que siempre tuviese que escoger el bien. Pero plugo a Dios crear una criatura que llamo “hombre” y a este hombre dio el poder y el privilegio de escoger su destino. Dios no hizo esto por necesidad sino por su propia voluntad y deseo.

Las Escrituras abundan en pruebas de este libre albedrío del hombre. En Deuteronomio 30:19 leemos: “A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: Escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente”. Aquí vemos claramente que hay dos caminos y que el hombre tiene que escoger cual seguir. Este mismo pensamiento se encuentra en Josué 24:15 donde dice: “Escogeos hoy a quien sirváis”. Aun cuando el Señor Jesucristo estaba en esta tierra muchos rehusaron aceptarle como en Mateo 23:37: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuantas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!” Y otra vez en Juan 5:40 Cristo dice: “Y no queréis venir a mí, para que tengáis vida”

La Caída del Hombre.- Al hombre en el Edén, Dios le prohibió una sola cosa- comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Esta prohibición llamó siempre la atención del hombre a sus obligaciones morales hacia Dios, y le dio ocasión para mostrar su fidelidad a los mandatos y principio de Dios. Algunos han pintado la caída del hombre como inevitable, diciendo que estaba rodeado de tentación que no podía resistir. No fue así. El huerto de Edén era un sitio perfecto con un ambiente especialmente planeado para el bienestar y felicidad de Adán y Eva. Además, Dios bajaba para andar y platicar con ellos. Era un ambiente perfecto y el hombre estaba inclinado hacia Dios por naturaleza.

Pero Satanás, en forma de una serpiente, logró introducir dudas en la mente del primer par. Insinuó que Dios no quiso prohibir el uso de ese árbol (Génesis 3:1), que no les castigará si comieran de él (Génesis 3:4), que les estaba prohibiendo una cosa necesaria para su felicidad, y que si comiesen de él serían como Dios. Bajo esa tentación, el primer par desobedeció a Dios. (Véase también Génesis 3:1-7; Mateo 19:4-5; Juan 8:44; II Corintios 11:3; I Timoteo 2:13-14; Job 31:33; Oseas 6:7).

¿Cuáles Son Las Consecuencias del Pecado?

La Depravación.- Ya que el hombre por su rebelión aceptó el pecado en su vida, Dios tenía que alejarse de él porque el Santo Dios no puede convivir con el pecado. Como consecuencia, el hombre se hizo siervo de sus impulsos naturales y cayó bajo el dominio de Satanás. Dios continuó rodeándole con su influencia, le castigó por sus pecados y le prometió devolverle su felicidad si se arrepintiera. Esta depravación del hombre sigue hasta el día de hoy. (Léase también Salmos 51:5; Salmos 58:3; Marcos 7:20-23; Romanos 8:5; 8; 9 ; 13; Gálatas 5:24)

El Sufrimiento.- Como castigo, Dios dijo a la mujer, “Multiplicare en gran manera tus dolores y tus preñeses; con dolor parirás los hijos”. Y al hombre dijo: “Maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3:16-19). De modo que el pecado, entonces, como hoy, trajo sufrimiento.

La Muerte.- La última pena del pecado es la muerte. Antes de pecar, Adán tenía libre acceso al árbol de la vida. Podía comer y vivir para siempre. Pero cuando pecó, dijo Dios: “…ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre:… Echó pues, fuera al hombre y puso al Oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía a todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3:22-24).

Como resultado del pecado de Adán y de nuestros propios pecados nos encontramos hoy sufriendo en nuestra depravación y expuestos a la muerte, tanto física como espiritual. ¡Necesitamos un Salvador!