En esta lección consideraremos la importantísima doctrina de la Trinidad. Dice Ralston: “La doctrina bíblica de la Trinidad es uno de aquellos misterios sublimes y gloriosos que la mente del hombre jamás podrá comprender mientras viva en esta tierra. Podemos estudiar y meditar hasta que nos concentremos de manera completa, y sin embargo no poder comprender el modo y naturaleza del Ser divino” (Wiley-Culbertson, “Introducción a la Teología Cristiana”, pág. 144). Aunque es una verdad tan profunda que no pueda ser entendida cabalmente por el hombre, sin embargo es necesario estudiar lo que podemos comprender de esta verdad sublime. Vamos a considerar primero las tres personas de la Trinidad y luego ver cómo ellas puedan ser un solo Dios.
Dios El Padre
El período de la historia entre la creación del mundo y el nacimiento de Jesucristo o sea la parte incluida en el Antiguo Testamento se conoce como “la Dispensación del Padre”. Durante este período a Dios se le conoció principalmente por el nombre “Jehová”. Hoy en día nosotros le llamamos “Dios el Padre” por razones que expondremos más abajo.
Jehová es Dios. En Deuteronomio 4:39 leemos: “Aprende pues hoy, y reduce a tu corazón que Jehová, E l es el Dios arriba en el cielo y abajo, sobre la tierra; no hay”. Como veremos más adelante, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo existieron desde la eternidad con Dios el Padre, y el Antiguo Testamento nos habla de ellos, pero todavía no era el tiempo para su introducción a la humanidad.
Como Dios el Padre se Manifestó a los Hombres: Dios se manifestó primero a Adán cuando andaba y hablaba con él en el huerto de Edén, y después con Enoc, y Abraham y los patriarcas. Parece que ellos comunicaron su conocimiento de Dios a sus hijos y Dios solamente se reveló a ellos en tiempos de necesidad. Este se conoce como el tiempo de los patriarcas.
Cuando el pueblo de Israel llegó a ser una nación, Dios se reveló a ellos por medio de la Ley. Esta ley fue dada a Moisés, siervo de Dios en el monte Sinaí. El habló con Dos en el monte y escribió la ley para la nación. Esta ley se encuentra en los libros de Exodo, Levítico, Números y Deuteronomio. La ley consistía en tres partes, la ley Civil, La Ley Religiosa, y la Ley Moral.
La Ley Civil tenía que ver con la organización de la nación de Israel, y la Ley Religiosa con su forma de adoración. Puesto que su organización terminó con la destrucción de la nación antes del tiempo de Jesucristo, y puesto que Jesucristo vino a ser ofrecido como sacrificio vivo por nosotros en la cruz, la Ley Civil y la Ley Religiosa no se aplican directamente a nosotros puesto que ya sirvieron su propósito de preparar el mundo para la venida de Jesucristo. Cristo cumplió la ley antigua y nos dio una ley superior, la ley del amor.
La ley Moral, puesto que tiene que ver con las relaciones del hombre con sus semejantes, tiene valor para nosotros todavía hoy en día. Pero aun esta Ley Moral fue ampliada e interpretada por Jesucristo cuando dio un resumen de toda la ley en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40).
Los Profetas.- Cuando Israel se apartaba de Dios y servía a los ídolos de los paganos, Dios mandaba profetas para predicar el arrepentimiento y anunciar el castigo de Dios sobre los rebeldes. Estos profetas eran hombres religiosos, que vivían cerca de D ios y lamentaban la apostasía de Israel. Estaban seguros de su llamamiento y de que pronunciaban las palabras de Dios. Sus predicaciones muchas veces principiaban con palabras semejantes a las de Jeremías, “Y fue a mi palabra de Jehová diciendo” (Jeremías 2:2). Estos profetas figuran entre los personajes mas grandes del Antiguo Testamento- Elías, Isaías, Jeremías, Daniel, etc.
Dios El Hijo
En el cumplimiento de los tiempos profetizados desde el principio del mundo, cuando los hombres estaban listos a recibirle y era propicio para la predicación del Evangelio al mundo, Jesucristo descendió del cielo para darnos la perfecta revelación de Dios y para morir por nuestros pecados en la Cruz.
Jesucristo es Dios.- Las Escrituras abundan declara: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1), y San Pablo dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8), y también: “Por El fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por El y para El” (Colosenses 1:16). Y en Colosenses 2:9 leemos: “Porque en El habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente.”
Es de suma importancia saber que Jesucristo es Dios. Hay quienes no lo quieren creer y sectas que niegan la divinidad de Cristo, diciendo que es sólo un hombre bueno y un buen ejemplo para nosotros. Pero si El solamente fue un hombre no podía morir por nuestros pecados ni justificarnos delante de Dios. Si Cristo no fuera Dios estaríamos perdidos en nuestros pecados y no habría esperanza ninguna de salvación.
No obstante las dudas de algunos, estamos seguros que Jesucristo es Dios por el testimonio de las Sagradas Escrituras y por su propio testimonio. Los pasajes citados arriba son concluyentes, pero si quiere mas pruebas, estudie usted Juan 1:15; Juan 6:41; Juan 17:5; Mateo 3:3; Romanos 9:5; Tito 2:13; Hebreos 1:8; Colosenses 2:3; Mateo 28:18; Hebreos 11:12; Hebreos 1:3; Hechos 5:31.
Como Dios el Hijo se Manifestó a los Hombres. Dios el Hijo se manifestó a nosotros por medio de la Encarnación. Para poder comunicarse directamente a los hombres, mostrarnos como vivir en este mundo, y pagar el precio de nuestros pecados, era necesario para Dios revelarse a nosotros en forma humana. El milagro de milagros es éste: que el Dios de los cielos vino a habitar en un cuerpo humano. Este milagro se llevó a cabo por medio de la Encarnación.
San Lucas nos cuenta la sacra historia así: “Entonces el ángel le dijo: María no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús… entonces María dijo al ángel: “¿Cómo será esto? Porque no conozco varón. Y respondiendo el ángel le dijo: El te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:30-35). De aquí vemos que Dios por medio del Espíritu Santo engendró en el seno de la Virgen María a Jesucristo, sin intervención humana. De modo que Jesús no tenía padre humanos sino Padre divino. De su madre heredó un cuerpo humano, y de Dios heredó la plenitud de la divinidad. Por lo tanto El es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.
El relato del ministerio de Jesús en este mundo se encuentra en los cuatro evangelios. Cada uno de los evangelistas cuenta la vida de Jesucristo en esta tierra. No hay tiempo para discutir su ministerio en este estudio, ni es necesario porque cada uno puede leer los evangelios por sí. De ellos sabemos que Jesús pasó una vida normal, siendo tentado en todos los puntos como nosotros, mas sin pecado (Hebreros 4:15). El es nuestro ejemplo supremo. Pero el más alto propósito de su vida entre nosotros era mostrarnos a Dos lo cual hizo por sus hechos, sermones, parábolas y consejos.
El último hecho de su vida fue el más significativo. El murió. No tenía que morir, pues la muerte es la pena del pecado y Cristo no cometió pecado. ¿Por qué, pues, murió? El dio su vida voluntariamente, así sufriendo la pena del pecado sin necesidad, y por virtud de eso puede perdonarnos a nosotros, pecadores, porque él murió en nuestro lugar. El murió por ti y por mí, y ya nosotros, aceptando el perdón que El nos ofrece, podemos gozar por toda la eternidad con El.
La prueba de que Jesús venció la muerte y el poder de Satanás es que resucito de entre los muertos. Las escrituras abundan en pruebas de su resurrección. Solamente mencionaremos el testimonio de San Pablo porque es un resumen de sus apariciones después de su resurrección. “… Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a la Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció en Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aun, y otros son muertos. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles. Y el postrero de todos, como a un abortivo, me apareció a mi” (I Corintios 15:3-8).
Su resurrección es de gran significado para nosotros, porque nos garantiza que la vida no termina en la tumba. San Pablo dice: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entro por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (I Corintios 15:20-22). Este cuerpo físico pasara a la tumba; pero nosotros, igual que nuestro Redentor, resucitaremos con un cuerpo indestructible para vivir siempre con El.
Jesucristo vivió por 40 días entre los discípulos después de su resurrección y luego subió al cielo como dice en Lucas 24:51: “Y aconteció que bendiciéndoles, se fue de ellos; y era llevado arriba al cielo”. Allí esta todavía a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. En Hebreos 7:24-25 leemos de su intercesión en estas palabras: “Mas éste, (Cristo) por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable: por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.
Dios El Espíritu Santo
Antes de partir de este mundo Jesús dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce, mas vosotros le conocéis; porque esta con vosotros, y será en vosotros” (Juan 14:16-17). Somos altamente privilegiados. Dios esta presente con nosotros cada momento de cada día en la persona del Espíritu Santo. No tenemos que buscarle acá ni allá porque reside en nuestros corazones.
El Espíritu Santo Es Dios.- “La creación y preservación del universo inorgánico se atribuye al Espíritu de Dios (Génesis 1:2-3; Salmo 104:29-30; Job 33:4). Da testimonio a la verdad con respecto a nuestro Señor Jesucristo (Hechos 5:30-32; Juan 15:26). Convence al mundo de pecado, de justicia, y de juicio (Juan 16:8-11). Regenera a los creyentes (Tito 3:5). Habita en todos los cristianos genuinos y los fortalece (I Corintios 6:19; Efesios 3:16); da testimonio de que son en verdad hijos de Dios (Romanos 6:18); los capacita para poseer y demostrar las gracias del carácter cristiano (Gálatas 5:22-23); guía y enseña a los creyentes sinceros (Juan 16:13; I Corintios 2:9-15); los capacita para comunicar efectivamente a los otros la verdad que ellos mismos han recibido de Dios (Hechos 13:2; 16:6-7;8:29); y purifica por la fe (Hechos 15:9-19). Estas y otras actividades del Espíritu de Dios testifican a su deidad completa y a su igualdad para con el Padre y el Hijo” (Wiley- Culbertson, “Introducción a la Teología Cristiana”, págs. 139-140).
Como el Espíritu Santo se Manifestó a los Hombres.- Cuando Jesucristo fue presentado a los hombres, su advenimiento fue anunciado por un coro angelical, una estrella nueva brilló en el firmamento y6 un ángel hablo a los hombres. Cuando el Espíritu Santo apareció en el escenarios humano hubo un sonido como un viento recio que corría, llamas de fuego aparecieron sobre la cabeza de los presentes, hablaron en otros idiomas, todos fueron llenos del Espíritu Santo, y 3000 personas se convirtieron (Hechos 2:1-41). Esto ocurrió el día de Pentecostés, Cristo había dicho a los discípulos que esperasen en Jerusalén hasta recibir el poder del Espíritu Santo. La experiencia del día de Pentecostés fue el cumplimiento de la promesa de Cristo y marca el advenimiento del Espíritu Santo al mundo.
El Espíritu Santo es la persona de la Santísima Trinidad que hoy actúa en el mundo. En seguida vamos a notar algunas de sus obras entre nosotros.
Uno de sus oficios es llamar a los pecadores al arrepentimiento. En Juan 16:8 leemos “Y cuando él (el Espíritu Santo) viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio”. De aquí vemos que el Espíritu Santo tiene una obra que hacer en los inconversos, y es convencerles de sus pecados y traerles al arrepentimiento.
Para los cristianos sirve de Guiador. “Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, El os guiará a toda verdad” (Juan 16:13). ¿Cómo es que muchos hombres sin letras saben mas de las cosas de Dios que algunos sabios? Es porque con sinceridad y humildad han permitido al Espíritu Santo guiarles a toda verdad. El es nuestro Guiador.
La palabra Consolador se usa frecuentemente con referencia al Espíritu Santo en su relación con el creyente. Esta palabra significa que el Espíritu Santo de Dios está presente siempre con nosotros en cualquier circunstancia de la vida para compartir nuestras experiencias y a la vez ayudarnos y apoyarnos cuando necesitamos (Lea San Juan capitulo14).
El oficio especial del Espíritu Santo para con el creyente es el de Santificador. En I Tesalonicenses 4:3 encontramos estas palabras: “Porque la voluntad de Dios es vuestras santificación”, y en II Tesalonicenses 2:13 Pablo nos dice que la santificación es del Espíritu Santo en una lección mas tarde, no gastaremos mas tiempo en ella ahora.
La Trinidad
Ya hemos estudiado por separado las tres personas de la Trinidad y hemos visto que cada una de ellas es verdaderamente Dios. Pero nosotros no creemos en tres dioses sino en Un Solo Dios. Dice el Credo de Atanasio: “Adoramos a un solo Dios en Trinidad, y a la Trinidad en Unidad; sin confundir las personas, ni dividir la substancia… la deidad del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo es una. La gloria igual, la majestad coeterna”. Es cierto que la doctrina de la Trinidad es un ministerio para los hombres y no puede ser comprendida completamente por ellos, pero esto no prueba que la doctrina es falsa, sino que el hombre es humano y no puede comprender todas las cosas de Dios. El creyente sincero encuentra en la Biblia que hay un solo Dios. Encuentra también que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Expresamos este ministerio con la palabra Trinidad.
Una ilustración usada en el “Compendio de Teología” por Binney- Steele (págs. 72-73) puede ayudarnos a comprender esta verdad. “Tomad, por ejemplo el sol en el firmamento, y hallaréis que consiste de tres en uno. Ahí tenéis el orbe redondo, la luz, y el calor. A cada cual de esto lo llamamos sol. Cuando se dice que el sol tiene de diámetro casi novecientas mil millas, se habla del orbe redondo; cuando se dice que el sol calienta, nos referimos a la temperatura. El orbe es el sol, la luz es el sol, y el calor es el sol; cada cual es cosa diferente, y sin embargo no hay sino un sol”. De igual manera, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son cada uno distinto, y sin embargo hay un solo Dios.