UNIDAD 2, CAPÍTULO 12
NUESTRA HERENCIA DE ADORACION PUBLICA
Existe una diferencia muy marcada en el orden de los cultos públicos entre las distintas denominaciones. Algunas tienden al formalismo y ritualismo del estilo católico romano. Realizan los sacramentos y la ministración del pastor, como un sacerdote delante del altar. Otras usan menos ritual, y el culto es más sencillo, con más participación del adorador. No sienten la necesidad de un sacerdote, porque creen que cada cristiano es su propio sacerdote delante de Dios. Algunos, llegan al extremo de rechazar todos los sacramentos, y hasta el orden del culto, permitiendo a cada creyente actuar o expresarse en el culto según su propio deseo. La Iglesia Metodista Libre queda entre estos dos extremos, permitiendo la expresión del creyente en los cultos; pero conservando los beneficios de los sacramentos ordenados por Jesucristo, y la dirección del culto público por el pastor.
La Libertad del Espíritu
El formalismo en las reuniones se manifiesta en oraciones escritas y recitadas, música presentada por grupos musicales profesionales, sermones sin vida, y el simbolismo exagerado. Los servicios se llevan a cabo según un orden de culto preparado de antemano, sin dejar lugar a la presencia del Espíritu de Dios, ni expresión por parte del adorador.
La Iglesia Metodista Libre aprecia el orden debido en los cultos y enseña al pastor a planear sus cultos; pero siempre deja lugar al Espíritu Santo para cambiar los planes, y dirigir a los creyentes. A veces, los planes mejores de los hombres fracasan; pero el Espíritu Santo puede guiarnos sin fallar en nuestra adoración, tanto como en nuestra vida espiritual. Esta práctica de dar lugar a la dirección del Espíritu en nuestras reuniones, se llama “libertad del Espíritu.” Una de las razones por que llamamos a nuestra iglesia la Iglesia Metodista Libre, es porque somos más libres en nuestra adoración a Dios.
La Participación de cada Creyente en los Cultos Públicos
Sentimos que debe haber oportunidad para cada creyente a participar en los cultos públicos, y así expresar sus sentimientos religiosos. Por tanto, hemos provisto actividades para el individuo y para el grupo en conjunto. Los cantos congregacionales dan oportunidad a todos para expresarse por medio de la música. A menudo, el pastor pide que un miembro de la congregación guíe en oración, y hay tiempos para testimonios; entonces el cristiano puede dar gracias a Dios en público, por sus bendiciones, o pedir la oración de los demás en su favor, o para sus familiares y amigos. Esto está en contraste con los servicios formales, donde no hay oportunidad para expresión individual.
Además de las reuniones regulares, hay cultos especiales para los creyentes. El cultivo de la vida espiritual entre los miembros de la iglesia, recibe un gran empuje en las reuniones familiares de los creyentes. El metodismo se originó en bandas o sociedades de creyentes, que se reunían para la asistencia mutua en la vida cristiana. Nuestra Iglesia Metodista Libre tiene tres clases de servicios para los creyentes:
1. Los Grupos de Crecimiento Cristiano (Clases, o Células)
En el año 1739 ocho o diez personas buscaron el consejo espiritual y la dirección del señor Wesley en Londres. Le pidieron que pasara tiempo con ellos en oración y el estudio de las Escrituras. Así comenzaron las Sociedades Unidas Metodistas. Los miembros se consideraban a sí mismos como “una compañía de personas que, teniendo la forma y buscando el poder de la santidad, unían para orar, para recibir la palabra de exhortación y para vigilarse con amor los unos a los otros a fin de auxiliarse neutramente para lograr su salvación.”
Con el propósito de obtener nutrición cristiana y compañerismo más intimo, se dividieron en clases o grupos pequeños de no más de 12 miembros. Estos grupos llegaron a ser uno de los aspectos más importantes en la preservación del avivamiento metodista. La práctica de la nutrición cristiana por medio de grupos pequeños ha sido considerada siempre un rasgo vital de la Iglesia Metodista Libre.
Grupos de crecimiento cristiano deben formarse dentro de la congregación para la supervisión cuidadosa de los miembros y la confirmación de los penitentes en la seguridad del perdón de Dios en Cristo. El grupo ideal debe constar de no más de 12 miembros. Un guía o líder debe ser seleccionado por el grupo. El pastor puede nombrar un candidato. El grupo debe reunirse regularmente en un lugar conveniente.
Las reuniones deben estar dedicadas a la oración significativa y creativa, el estudio de las escrituras, la participación en las necesidades, aspiraciones y victorias de los miembros y el compañerismo en el amor cristiano. Las personas incrédulas deseosas le conocer a Cristo deben ser invitadas a la confraternidad.
Los lideres para estos grupos pequeños deben seleccionarse con cuidado. Deben ser miembros de la Iglesia Metodista Libre, personas de fe y experiencia cristiana madura. Deben tener una buena comprensión de las escrituras y estar plenamente de acuerdo con las doctrinas y practicas de la iglesia
2. El Culto de Oración.
Cada iglesia debe celebrar un culto de oración cada semana. El culto de oración es, principalmente, para el creyente. Es un tiempo cuando pueden reunirse con el propósito de orar por sí mismos, por sus amigos y familiares, y por la salvación del mundo. No es una reunión de predicación, y no debe emplearse el tiempo en platicas, sino en cantos, oraciones y testimonios.
3. El Ágape o Fiesta de Amor.
El ágape es uno de los aspectos fascinantes, aunque menos entendido, de los ritos de la iglesia primitiva. Juan Wesley introdujo este rito de nuevo a millones de cristianos modernos, para los cuales resultó (y todavía resulta) un medio de gracia inspirador. Históricamente los metodistas libres celebraron el ágape cada tres meses.
El ágape se caracteriza por el canto de himnos, oportunidad para testimonios, oración improvisada y el partimiento de pan, simbolizando las comidas que compartían los primeros cristianos. El ágape no debe confundirse con el sacramento de la Santa Cena.
El Uso del Ritual
Puesto que San Pablo exhorta que en las reuniones todo debe hacerse “decentemente y en orden,” creemos que aunque debe permitirse la libertad del Espíritu en nuestros cultos, sin embargo, debe haber una persona para guiar la adoración. Este debe escoger los himnos y lecturas bíblicas que concuerden con el propósito de la reunión, dando parte a algunos miembros de la congregación cuando es posible.
La Iglesia Metodista Libre ha conservado los dos sacramentos instituidos por nuestro Señor Jesucristo, y ha preparado rituales para actos especiales como el matrimonio, la dedicación de templos, etc.
Los dos sacramentos son la Santa Comunión y el bautismo. La Santa Comunión es el Sacramento que conmemora la muerte de nuestro Señor Jesucristo por nosotros, en la cruz del Calvario. El pan y el vino simbolizan su cuerpo y sangre, dados por nosotros. Los comulgantes se arrodillan alrededor del altar, en humilde confesión, para recibir los elementos del sacramento.
El bautismo es un testimonio al mundo, de que somos cristianos. No creemos que el bautismo nos salva. Antes bien, la salvación tiene que venir antes, como requisito para el bautismo. Solo el niño inocente que no ha cometido pecado, o el pecador arrepentido, pueden bautizarse. Este sacramento indica que la persona es limpia del ante de Dios, y digna de ser miembro de su Iglesia. En el caso de niños inocentes, los padres dedican a su hijo a Dios, y prometen criarlo en el conocimiento y amor de Dios. Cuando el niño llega a la edad consciente, tiene que tomar los votos bautismales por su propia voluntad.
En nuestra Libro de Disciplina se encuentran formas y rituales para la ordenación de ministros, el matrimonio, la dedicación de templos, y el entierro de los muertos. Como éstos son cultos extraordinarios y de hondo significado, los padres de la iglesia preparan rituales sagrados, para asegurar que se reúnan los elementos de lectura bíblica, oración, dedicación y exhortación necesarias, usando el lenguaje propio para la ocasión. Son actos solemnes y significativos.
De aquí, vemos que heredamos de nuestros antepasados en la iglesia, una tradición de cultos libres, donde el creyente puede participar en adoración espiritual, bajo la dirección de una persona responsable, para que todo se haga “decentemente y en orden.” Además, los sacramentos de la Santa Comunión y el bautismo se han conservado entre nosotros, junto con rituales preparados para días y ocasiones especiales.
Es hermosa la heredad que me ha tocado (Salmo 16:6).
REPASO DEL CAPITULO 12
1. En la Iglesia Metodista Libre se trata de evitar ¿cuales dos extremos en la adoración pública?
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2. ¿Qué significa “libertad del Espíritu” para los Metodistas Libres? ______________________
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3. ¿Por qué se le debe dar la oportunidad a cada creyente a participar en los cultos públicos?
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4. Además del culto regular de adoración la Disciplina de la Iglesia Metodista Libre recomienda tres tipos de reuniones adicionales. Estos son
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5. Los dos sacramentos que la Iglesia Metodista Libre reconoce son
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