UNIDAD 3, CAPÍTULO 18
LA EXPERIENCIA CRISTIANA
La vida cristiana puede ser experimentada conscientemente porque es una relación entre personas - el Dios personal y los hombres hechos a su semejanza. Cada individuo es confrontado por este Dios personal, y el resultado de esta confrontación se determina principalmente por la reacción de esa persona.
Por su amor, Dios ha provisto plenamente la salvación de toda la humanidad. Sin embargo, sólo los que responden con arrepentimiento y fe pueden experimentar esta gracia como una realidad redentora.
Dios se relaciona a todos los hombres y mujeres como individuos libres y responsables. Por tanto, el no solamente ofrece su gracia a condición de una aceptación libre, sino que también se revela a sí mismo y da a conocer su vida a todos los que confían en él. Esta relación redentora con Jesucristo se experimenta como una conciencia de su amor y comunión.
Los que son justificados por la fe experimentan la paz de Dios. Cuando su Espíritu Santo llega al corazón, hay gozo. La presencia inherente del Espíritu Santo es la garantía de nuestra relación con Dios como sus hijos amados
EL DESPERTAMIENTO HACIA DIOS
Las Escrituras enseñan que el hombre y la mujer están corrompidos en cada aspecto de su naturaleza y muy apartado de la justicia original. Las consecuencias esclavizantes de nuestros pecados cometidos se agregan a la depravación común de todos los seres humanos por causa de la caída. Es imposible para ellos venir a Dios por sí mismos, pero Dios, por su gracia extiende la mano a cada pecador
Dios toma la iniciativa en revelar sus necesidades al pecador, usando para este fin su Santa Palabra, la revelación hecha en Jesucristo, la proclamación del evangelio por parte de la Iglesia, el testimonio de individuos y las circunstancias de la vida. Por tales medios, el Espíritu Santo despierta a los pecadores a sus necesidades y a la verdad del evangelio (Juan 16:8,13). Ya despiertos, tienen que responder, o rechazando el llamamiento de Dios o acercándose a él con arrepentimiento y fe.
EL ARREPENTIMIENTO Y LA RESTITUCION
Una persona puede acercarse a Dios una vez que haya sido despertado por el Espíritu Santo para que se dé cuenta de su perdición. Puesto que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23), todos tienen que arrepentirse para entrar en compañerismo con Dios.
El arrepentimiento requiere un cambio mental sincero y completo. Arrepentirse es dar la espalda al pecado con dolor autentico y volver la cara a Dios con confesión y sumisión. Afecta a la persona por entero - su mente, sus sentimientos, su voluntad. El arrepentimiento significa más que tristeza por la maldad o pena por haber sido descubierto. Es una pena personal por haber pecado contra Dios. El arrepentimiento demanda un rechazo radical del pecado y un retorno sincero hacia Dios. El resultado es una relación salvadora con Cristo.
El arrepentimiento sincero conduce a una renovación moral, puesta a menudo en evidencia por la restitución - el esfuerzo de rectificar nuestras maldades cuando sea posible. Los actos de restitución, como en el caso de Zaqueo, son ciertamente frutos dignos del arrepentimiento (Lucas 19:8; 3:8). Sin embargo, ni el arrepentimiento ni la restitución pueden salvar sin fe en Cristo (Romanos 3:22; 5:1).
LA CONFIANZA
La confianza significa fe en Dios y completa seguridad en él (II Cor. 3:4-5; I Tim. 4:10). La confianza incluye plena aceptación de las promesas de Dios, dependencia completa en él sacrificio de Cristo para la salvación, y dedicación incondicional a la voluntad de Dios. La gracia y las bendiciones de Dios están disponibles para los que se acercan a él con plena confianza en su integridad, amor y poder.
Los cristianos experimentan el cuidado amoroso y la dirección de Dios mientras confían en él y lo siguen (Efesios 3:12). Cuando creen que son autosuficientes, se ven frustrados en sus esfuerzos de hacer por sí mismos lo que Dios quiere hacer por ellos. La autosuficiencia es incompatible con la plena confianza en Cristo (I Tim. 6:17).
LA SEGURIDAD
Dios otorga la seguridad de salvación y paz de corazón a todos los que se arrepienten y depositan su fe en él (Rom. 5:1-2). El Espíritu Santo testifica a nuestros espíritus que hemos sido perdonados de nuestros pecados y adoptados en la familia de Dios (Rom. 8:16).
El cristiano tiene paz con Dios por medio de Jesucristo porque su culpa ha sido borrada y su temor del juicio quitado (Heb. 6:10; 10:22; I Juan 4:7-18). Dios sigue dando seguridad a los creyentes por medio de las Escrituras, la presencia consciente del Espíritu Santo, amor por los otros cristianos y compañerismo con ellos (I Juan 3:14).
LA CONSAGRACION
Dios llama a su pueblo a separarse para hacer su voluntad y llevar a cabo su propósito (Rom. 6:13; 12:1). Cualquier cosa, así apartada, es consagrada.
Dios llama a todos los cristianos a ser santos y sin mancha delante de él en amor (Efesios 5:27). Cristo demanda que sus discípulos le sigan con la mente y con el espíritu (Rom. 7:24-25). Para testificar efectivamente en este mundo, los cristianos tienen que distinguirse por justicia, paz, gozo, fe, esperanza y amor (Juan 13:35; 14:15; Cal. 5: 22-24). Dios quiere una clase especial de personas para su obra (Mateo 16:24; Rom. 14:17; 8:6-9; Juan 17:17; Sal. 100:2). Cuando un cristiano sigue sinceramente a Cristo y pone atención a lo que el Espíritu Santo dice por medio de las Escrituras, debe sentir la necesidad de una limpieza del pecado interior. Debe desear sinceramente ser lleno del amor de Dios y anhelar una relación con Cristo que satisfaga su más profunda necesidad interior y lo habilite para servir y obedecer a su Señor (Efesios 5:1-14; I Cor. 13:13; 14:1; Hechos 1:8).
El cristiano, por tanto, tiene que consagrarse a Dios y rendir su voluntad a la voluntad del Padre Celestial (Mateo 19:21). El que desea la santificación interior tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir en pos de Cristo. La elevación del ego es idolatría. Un cristiano cuya lealtad esté dividida no puede servir a Dios victoriosa y constantemente. Cristo tiene que gozar de la preeminencia. Tiene que ser el Señor de la vida del cristiano. (Juan 15:10; Marcos 14:36; I Pedro 1:14.)
Por tanto, para entregarse a la obra santificadora del Espíritu Santo, el creyente tiene que rendirse sin reserva a Dios. Tiene que entregar libremente todo lo que tiene a los propósitos de Dios y consagrar cada deseo y ambición al servicio de Cristo y no a sí mismo (Col. 3:8-13). Ningún cristiano puede ser libertado del dominio del pecado si permite que su propio ego domine su vida. No puede servir a dos señores (Mateo 6:24).
LA ENTERA SANTIFICAION
Cristo se entregó a sí mismo, aun hasta la muerte, para la purificación de su Iglesia (Efesios 5:25-27; Hebreos 13:12). Sus discípulos son llamados a ser santos (I Pedro 1:15-16; II Cor. 7:1). En la redención, Cristo ha hecho provisión para que el creyente sea santificado enteramente (Hebreos 9:13-14; 10:8-10). La santificación principia con la regeneración, y da como resultado una relación mas profunda cuando el corazón del creyente es purificado plenamente (Sal. 51:5-13; I Juan 1:5-2:1). Esta limpieza acompaña la plenitud del Espíritu Santo (Ezequiel 36:25-27; Hechos 15:8-9).
San Pablo oró: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (I Tes. 5:23-24).
Dios el Espíritu Santo es el santificador (I Tes. 4:7-8; II Tes. 2:13, I Pedro 1:2). Entrando a la vida en la conversión, él llena al cristiano con su presencia cuando la consagración es completa, purificando el corazón y a la vez capacitándolo para testimonio y servicio (Juan 3:5; Rom. 8:9; Gál. 3:3; Hechos 1:8). Derrama el amor de Dios en todo el corazón y vida del cristiano (Rom. 5:5; I Juan 4:1243).
Aceptando la promesa de Dios por fe, el cristiano entrará en una relación mas profunda con Cristo (II Cor. 7:1; Gel. 2:20; Rom. 8:14-17; Gel 4:6-7). Estará capacitado para amar a Dios con todo su corazón, alma, fuerza y mente, y a su prójimo como a sí mismo (Mateo 22:37-40; Gel. 5:25-6:2). Reconocerá una entrega interior completa a toda la voluntad de Dios, y su vida será transformada de una vida en conflicto interior a una vida de obediencia gozosa (Rom. 12:1-2; Gel. 5:16-25).
La santificación interior purifica al cristiano del pecado y lo rescate de la idolatría del ego (I Pedro 3:2-3; I Cor. 3:16-17; 6:15-20). Cuando él es purificado llega a ser perfecto, no en acción, sino en amor (Mateo 5:43-48; I Juan 4:12-13).
CRECIENDO EN CRISTO
El cristiano sostiene una relación nueva con Dios y una vida nueva en Cristo por medio del poder del Espíritu Santo. El gozo de esta nueva vida en Cristo puede obscurecer por un tiempo la necesidad de un crecimiento en Cristo, llamado a veces la madurez cristiana. El cristiano nuevo tiene que escoger, tarde o temprano, entre el crecimiento o la decadencia.
La Biblia es el manual de crecimiento para el cristiano. Tiene que ser aceptada seriamente, leída y estudiada para comprender sus enseñanzas. Si el cristiano en crecimiento escucha, Dios se comunicará con él por medio de sus paginas. El valor y el significado de la vida se revelan en este libro. Las Escrituras son un método para limpiar la vida y cambiar sus actitudes y acciones.
El cristiano en crecimiento es cada vez más sensibles al bien y al mal, aprendiendo constantemente a distinguir mejor la diferencia que existe entre ellos. El Espíritu Santo lo guiará, de acuerdo con las Escrituras, y él tiene que estar alerta a las instrucciones del Espíritu, resistiendo inmediatamente la tentación y respondiendo al llamado de Dios a la vida más elevada.
La madurez involucra el desarrollo personal que produce un respeto cada vez mayor hacia sí mismo y hacia otros. El respeto hacia otros depende del respeto propio. Los diez mandamientos, resumidos en dos por Jesús, enseñan la naturaleza de este respeto en el crecimiento de una persona moral. La calidad de una relación cristiana con otros afecta la calidad de su propia vida. El crecimiento en Cristo requiere una disposición de remediar nuestras relaciones con Dios con nuestros semejantes (Santiago 5:16).
El crecimiento en Cristo abarca responsabilidad por el bienestar de otros, todos los cuales son amados por Dios y hechos a su imagen. Los cristianos necesitan amar y ser amados. Expresarán su amor, tanto con obras de bondad como con palabras personales de testimonio, indicando que Cristo es la personificación del amor de Dios y el Salvador del mundo.
La madurez en Cristo debe producir confianza y una preocupación por la transformación del mundo, de acuerdo con la voluntad de Dios. El cristiano, confiando en Dios y sostenido por el Espíritu Santo, reemplazará actitudes de derrota y futilidad por las de valor y confianza.
La oración es un medio indispensable de crecimiento hacia el ideal cristiano. En la oración, el cristiano habla y escucha, confiesa y adora, pide y da gracias. La oración debe ser una conversación con Dios, evitando frases y tonos artificiales. La oración sincera cambia al
suplicante y a menudo sus circunstancias (Santiago 5:16). La Biblia enseña la eficacia de la oración individual y en conjunto para los que están en Cristo. La oración extiende nuestros horizontes y pone énfasis en nuestra dependencia de Dios. Tanto la oración como la lectura de la
Biblia deben formar una parte regular de la vida, sin que lleguen a ser un mero ritual (Sal.
119:11, 105). El cristiano en crecimiento encuentra su propio ambiente en la compañía de los creyentes. No vive independiente del resto del cuerpo de Cristo. La adoración requiere una actitud correcta hacia Dios. Incluye la participación activa del creyente. Él tiene que preparar su mente y espíritu para la comunión con Dios. El sincero seguidor de Cristo llega a Dios en alabanza, acción de gracias, dedicación, confesión, fe y servicio. Como parte del cuerpo de Cristo, tiene que participar en la adoración colectiva de la Iglesia tanto como en sus otros ministerios. Sostén, discernimiento, inspiración y disciplina, son frutos del compañerismo. La participación con pequeños grupos de cristianos ofrece otro medio de gracia y crecimiento.
El crecimiento resulta de la aceptación de responsabilidad en la vida de la iglesia. El Espíritu Santo otorga talentos para cada cristiano que pueden usarse para el bien común. El uso de estos talentos también es un medio para el crecimiento. Dios suministra su gracia al creyente mientras él participa en actividades agradables al Señor.
LOS DONES DEL ESPIRITU
El Espíritu Santo distribuye, según su voluntad, dones de palabra y servicio relacionados con el bien común y la edificación de la iglesia. Estos dones deben ejercitarse bajo la dirección de Jesucristo. Como prueba de la plenitud del Espíritu Santo, el creyente debe buscar, no los dones del Espíritu, sino al Dador de los dones. Sin embargo, deben preferirse los dones mayores sobre los dones menores. “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis” (I Cor. 14:1).
El Apóstol Pablo nos da una guía práctica ayudando a la iglesia a discernir la autenticidad de los dones del Espíritu. El Espíritu Santo siempre pone orden donde hay caos. Esto se descubre en su obra de la creación tanto como en la redención. El nunca es autor de confusión, sino de amor, poder y dominio própio. Por tanto, en la adoración publica todo debe hacerse decentemente y con orden. El hablar o enseñar a hablar con sonidos ininteligibles no es consistente con tal orden. El lenguaje de la adoración debe ser el lenguaje del pueblo. Toda comunicación en la adoración debe llevarse a cabo con entendimiento (1 Cor. 14:6-12).
La vida en el Espíritu se caracteriza por el amor puro. Los dones del Espíritu son siempre acompañados por el fruto del Espíritu. Cada uno de los dones del Espíritu es ejercitado con el amor y compasión de Cristo. Las actividades de critica innoble y división (o cisma) en la iglesia son evidencias de carnalidad (Gel. 5:13-15).
LA SANIDAD DIVINA
Creemos que toda sanidad, ya sea del cuerpo, de la mente, o del espíritu tiene su fuente final en Dios quien es “sobre todos, y por todos, y en todos.” Él puede sanar por medio de la cirugía, los medicamentos, el cambio de ambiente, el consejo, la corrección de actitudes o por medio del
proceso restaurador de la naturaleza misma. Él puede sanar por una o más de las maneras descritas en combinación con la oración, o puede ser que él sane por intervención directa en contestación a la oración. En las Escrituras se mencionan muchos casos de la última clase de sanidad que tiene su centro en la vida y ministerio de los apóstoles y la iglesia. De acuerdo con las Escrituras, por lo tanto, pedimos a nuestros pastores que den oportunidad a los enfermos y afligidos de venir a Dios en la comunión de la iglesia, fortalecidos en la fe que el Dios y Padre de Jesucristo puede y quiere sanar. A la vez, reconocemos que aunque los propósitos soberanos de Dios son buenos y que él está obrando hacia una redención definitiva que asegura sanidad total a todos los creyentes, puede ser que él no conceda la sanidad física para todos en esta vida. Creemos que en tales casos él puede glorificarse a sí mismo por medio de la resurrección a la vida eterna.
REPASO DEL CAPITULO 18
1. ¿Por qué debe el cristiano consagrarse completamente a Dios? _______________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
2. Explique en sus propias palabras la doctrina de la entera santificación. _________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
3. ¿Qué guía nos da el Apóstol Pablo para discernir la autenticidad de los dones espirituales?
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
4. Escriba tres medios que el cristiano debe usar para lograr un crecimiento cristiano.
a. _______________________________________________________________________
b. _______________________________________________________________________
c. _______________________________________________________________________
5. ¿Cuales medios usa el Espíritu Santo para despertar a los pecadores a su necesidad espiritual?
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________