UNIDAD 1, CAPÍTULO 3
NUESTRA HERENCIA DE LOS MOVIMIENTOS EVANGELICOS
El cristianismo evangélico es un movimiento religioso que acepta, como su única regla de fe y conducta, el evangelio de Jesucristo o sea la Biblia–especialmente el Nuevo Testamento. No es simplemente una organización, sino una convicción de que la Iglesia fundada por Cristo es la única verdadera y una disposición de modelar la vida y la Iglesia según el patrón novotestamentario. Hay una tendencia en la Iglesia Cristiana de clasificar algunas iglesias o denominaciones como evangélicas y otras como católicas, ortodoxas, etc. Esto puede hacerse hasta cierto punto, pero hay muchos evangélicos en la Iglesia Católica y muchos católicos en las iglesias llamadas evangélicas. Puede haber error en la Iglesia Evangélica, como puede haber error en la Iglesia Católica. Cada iglesia e individuo tiene que examinar sus creencias y organización constantemente, a la luz de la Biblia. Cuando encuentra que ha dejado la verdad, es necesario reformarse. A veces una iglesia ha continuado en practicas erróneas por tanto tiempo, que resiste cualquier esfuerzo de reforma. Muchas veces resulta que tal iglesia expulsa a los individuos que desean volverla a la verdad, y los llama herejes; no porque ellos hayan dejado la Biblia, sino porque no creen corno la mayoría de los miembros de ella. Esto ha pasado muchas veces, como veremos en este capitulo.
Sectas Evangélicas en el Judaísmo
Los judíos siempre se han distinguido como hombres religiosos. Su celo religioso a veces se ha convertido en fanatismo extremo. Pero, aunque la apostasía se apoderó de ellos en ciertas épocas, nunca han faltado hombres piadosos entre ellas.
En el Antiguo Testamento leemos de los recabitas. Ellos eran una tribu muy devota al Dios verdadero. Insistían en vivir una vida pastoral. Temían que si se mudaran a las ciudades se contaminarían con la mundanalidad e idolatría de la época. Así que preservaron la vida sencilla y rehusaron tomar bebidas alcohólicas.
Otro grupo piadoso entre los hebreos eran los nazareos. Su nombre indicaba santidad y devoción. Los nazareos eran personas que tomaban un voto por cierto período de tiempo. Podía ser un tiempo corto o por toda la vida. Durante el tiempo de su voto no se cortaban el pelo; no tomaban bebidas alcohólicas ni tocaban nada inmundo. Protestaban contra la adopción de costumbres paganas. Eran muy celosos en la defensa de su fe.
Los profetas del Antiguo Testamento luchaban para avivar la religión espiritual. Cuando los reyes gobernaban a Israel en Jerusalén, la adoración del templo llegó a ser muy pomposa y sujeta a la voluntad de reyes y sacerdotes. A veces los reyes malos suprimían completamente los cultos a Dios. Los reyes de Samaria enseñaban a la gente a adorar ídolos, para evitar que fueran a Jerusalén. La religión verdadera de Dios estaba a punto de desaparecer.
En esta condición lamentable del pueblo, Dios levantó profetas como Isaías y Amós. Aunque a veces los profetas revelaban eventos futuros, la mayoría de sus mensajes llamaban a la gente al arrepentimiento; destacando la importancia de la religión espiritual y personal, en lugar de sacrificios y ritualismo. Típicas de sus mensajes son las palabras famosas de Miqueas: “¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:7-8). Es interesante que Juan el Bautista y Jesucristo fueron considerados profetas por los judíos de su tiempo porque, como los profetas del Antiguo Testamento, ellos predicaban el arrepentimiento.
La historia de Israel durante los 400 años entre el Antiguo Testamento y el nacimiento de Jesús, es un poco oscura, debido a la falta de una historia adecuada. Sin embargo, sabemos, que existían grupos piadosos durante este periodo que esperaban un avivamiento y la llegada del Mesías. Uno de estos grupos se llamaba los Hasidím. Se parecían mucho a los nazareos y recabitas en que se dedicaban a obedecer a la letra ley de Dios, y a la vida sencilla. Tenían un espíritu patriótico y peleaban fanáticamente por la libertad de su pueblo y por su fe.
Leemos mucho de los fariseos y saduceos del tiempo de Jesús. Ellos empezaron como sectas religiosas y patrióticas, pero habían perdido mucho de su espiritualidad. Había otro grupo no mencionado en el Nuevo Testamento que era mas espiritual y no se mezclaba en la política, llamado los esenios. Se formaba de gente sencilla y piadosa. A veces se congregaban en colonias religiosas para vivir apartados de las tentaciones del mundo, y tener un ambiente propio para la meditación y oración. Debemos mucho de nuestro conocimiento sobre ellos y su tiempo y sobre las copias más antiguas en existencia del Antiguo Testamento, a una colonia de estas personas, cerca del Mar Muerto, que copiaban y preservaban muchos manuscritos de la Biblia y de la historia.
Movimientos Evangélicos en la Iglesia Primitiva
En todas las épocas han habido cristianos evangélicos. Pero, en ocasiones históricas, el fervor religioso del pueblo o los abusos de la iglesia establecida, han dado motivo a grandes movimientos evangélicos. El Cristianismo Evangélico a Través de los Siglos, escrito por Samuel Vila, es un libro bien documentado que presenta un estudio detallado de estos movimientos. El autor nos ha extendido el privilegio de presentar algunas de sus conclusiones aquí.
El primer gran movimiento de esta clase en la Iglesia Primitiva fue encabezado por Tertuliano a fines del segundo siglo cristiano. Samuel Vila., en su libro citado arriba, dice:
Hay que entender que los montanistas se habían apartado de los otros cristianos en señal de protesta contra el formalismo, principios de clericalismo y decadencia espiritual que se empezaba a notar en muchas iglesias. Aspiraban a mantener la mas completa pureza y fervor. Daban énfasis al sacerdocio universal de los creyentes y eran democráticos en el gobierno de las iglesias, en oposición a las pretensiones del naciente episcopado.1
A pesar de que había excesos en el movimiento montanista, reconocemos que este fue el primer gran movimiento de reforma, y vino, no el siglo XVI sino en el II.
Cincuenta años después de Tertuliano, Dios levantó un valiente obispo llamado Hipólito para protestar contra la corrupción de vida y practica en la iglesia de Roma. Un partido relajado se había apoderado de la Iglesia. Cuando no podían los reformadores cambiar nada, tuvieron que separarse de la iglesia de Roma. Los que se separaron se llamaron novacianos en el Oeste y puritanos en el Este. Novaciano ha sido llamado el autor de la herejía del puritanismo por los católicos. Se establecieron cientos de iglesias novacianas en el norte de Africa, en Constantinopla, Italia, Francia, Suiza y España. Tan grande era este grupo de iglesias cristianas, que Constantino trató de unirlas otra vez a la Iglesia Imperial, porque necesitaba su apoyo. Esto no podía lograrse, porque la iglesia del estado se había apartado de los preceptos bíblicos y, antes de abandonar sus tradiciones y prácticas, expulsaron a los reformadores.
La actitud del mismo Constantino, quien murió el 23 de mayo de 337, a la edad de 64 años, solamente Un año después de su bautismo, muestra lo lejos que la Iglesia se habla apartado de los preceptos bíblicos. Según Vila, Constantino había diferido la práctica de este rito cristiano por la absurda idea de su tiempo de que el bautismo puede limpiar todos los pecados de una vida. Por esto puso a un lado el vestido imperial después del bautismo y nunca lo volvió a usar. Esto demuestra que este emperador nunca comprendió el verdadero sentido de la conversión a Dios y la regeneración que el Espíritu de Dios obra en el alma por medio de la fe, y que atribuía la salvación a actos externos, mas que a la relación directa del alma con Dios. Esto es el principio esencial que separa a las iglesias evangélicas de la iglesia romana. Y el origen de tal diversidad, se halla y debe buscarse, no en Lutero y La Reforma, sino en la Iglesia Cristiana de Roma en tiempos de Hipólito y de Constantino.2
No había muchas Biblias en los primeros siglos del cristianismo, porque tenían que copiarlas a mano. En el año 660, un cristiano llamado Constantino de Samosata, recibió un regalo inesperado de un Nuevo Testamento. Al leerlo, se dio cuenta de lo lejos que se había apartado la Iglesia de los preceptos bíblicos del cristianismo. La lucha tenaz contra imágenes en las iglesias, que más tarde dio lugar a guerras y la separación de las iglesias occidentales y orientales, principió con los seguidores de Constantino de Samosata que se llamaron paulicianos
Hemos visto que en todas las épocas de la Iglesia Primitiva y en diversas partes del mundo cristiano, han existido protestas contra la corrupción de la Iglesia y abusos contra las doctrinas de Jesucristo. Estas protestas aparecieron bajo diversos nombres, pero en el fondo todos buscaban la misma cosa–sujetarse a las normas novotestamentarias de vida espiritual. Que estos movimientos evangélicos fueron en verdad un solo movimiento y la expresión de la conciencia cristiana, se demuestra por la siguiente cita de Samuel Vila:
Los católicos romanos argumentan en contra del cristianismo evangélico posterior ala Reforma, por la diversidad de sectas evangélicas que existen en el mundo, pero esta es una característica del verdadero cristianismo. Ello es debido a que la corrupción en que ha caído la iglesia, en sucesivas épocas, obligó a ciertos hombres fieles a protestar y adherirse a la verdad a través de los tiempos. No es lo ideal, pero es lógico y humano que los que recibieron un concepto mas claro del evangelio, por medio de tales servidores de Dios, tuvieran en alta estima a sus ministros, y que sus enemigos es designaran con el nombre de aquellos, cuando no lo hacían ellos mismos. Esto ocurría ya en los días de San Pablo cuando en una misma iglesia, la de Corinto, cada fiel se sentía adherido a la persona por la cual había recibido el conocimiento de la verdad.
Sin embargo, como existía gran semejanza entre las diversas sectas evangélicas primitivas, una daba fácilmente lugar a otra en su desarrollo a través de los siglos, constituyendo en el fondo una sola iglesia, aunque no orgánica pero identificada en espíritu y doctrina; tal como ocurre hoy día con las diversas denominaciones evangélicas, que somos varias organizaciones, pero una en el espíritu y en la proclamación de la doctrina salvadora de Cristo.3
Cristianos Evangélicos dentro de la Iglesia Romana
No todos los reformadores fueron expulsados de la iglesia romana. A veces, por la tolerancia del clero de su tiempo, o por la popularidad de su movimiento, podían permanecer dentro de la Iglesia, dando testimonio a la verdad del evangelio.
Uno de estos caudillos fue Claudio de Turín, quien murió en el año 839. Este piadoso obispo, nacido en España y enseñado por Felix, obispo de Urgél , rechazó las tradiciones que no estaban de acuerdo con el evangelio. Especialmente atacaba las oraciones por los muertos; la exagerada veneración del Papa; la adoración de las imágenes, y la invocación de los santos. A pesar de la flojedad de esa época, hubiera sido perseguido por Roma, Si no hubiese sido por la protección que tenia por parte del emperador.
Otro gran hombre de Dios, venerado por la Iglesia Católica, pero con un espíritu verdaderamente evangélico, era San Francisco de Asís. Este hombre vino de una familia rica; pero, tras una enfermedad grave, fue iluminado por la lectura de las Sagradas Escrituras. San Francisco renunció a la vida holgada de su hogar y se entregó a una vida de abnegación. Pasó el resto de su vida predicando el arrepentimiento. Sus esfuerzos resultaron en la formación de una secta dentro de la Iglesia Católica, llamada los franciscanos.
San Bernardo de Clairvaux nunca rechazó a la Iglesia Católica e hizo mucho para combatir a los albigenses; sin embargo, se apegaba a muchas doctrinas evangélicas. Siempre reconocía la supremacía de las Sagradas Escrituras; buscaba la unión mística con Dios mismo; lamentaba los excesos del sistema papal; se opuso a la doctrina de la inmaculada concepción de María; y siempre abogaba por la tolerancia religiosa. Se opuso siempre al uso de la fuerza de las armas contra los herejes, y aun protestaba contra la persecución de los judíos.
Se podrían citar muchos hombres santos mas de la antigüedad, que sostenían las doctrinas puras de la Iglesia Primitiva y lamentaban la corrupción y apatía de los cristianos de sus días. Como Bernardo de Clairvaux, decían en sus corazones: “¡Quién me diera, quien me diera ver, antes de morir, la Iglesia tal como fue en sus primeros dias!’4
El Espíritu Evangélico de la Edad Media
Durante el siglo XII, en el sur de Francia, florecieron numerosos grupos de cristianos de vida simple, que no reconocieron otra autoridad mas que el Nuevo Testamento. Estos cristianos adoraban a Dios en templos desprovistos de todo ornamento. Su único mueble era una mesa sobre la cual reposaba la Biblia abierta. Los cultos eran sencillos, consistiendo mayormente de la lectura y explicación de las Sagradas Escrituras. Se les llamaba albigenses porque eran muy numerosos en Albi y otras ciudades del sur de Francia.
La Iglesia Católica les acusó de ser herejes; pero como no tenemos mas referencias de ellos que las acusaciones de sus enemigos, es difícil juzgarlos. El Papa Inocencio III dirigió una cruzada para exterminarlos. Es interesante que los mismos católicos que vivían en el sur de Francia los protegían de los ejércitos del Papa; muchos de ellos dando su vida por los albigenses, prueba fuerte de su vida cristiana y su fe.
Las predicaciones de Pedro de Bruys, Enrique de Cluny, Pedro Waldo y otros obreros evangélicos, llamados ‘Los Pobres de Lyon’, que iban vendiendo el Nuevo Testamento de pueblo en pueblo, cristalizaron en un movimiento evangélico que ha perdurado, desde 800 años antes de la Reforma, hasta nuestros mismos días, y son las iglesias evangélicas denominadas valdenses.5
Estos cristianos evangélicos, animados por su celo misionero, se establecieron en el sur de Alemania, Suiza y Francia, llegando hasta las provincias del norte de España. Se distinguieron por sus doctrinas bíblicas y por su santidad de vida. Se interesaron mucho en la diseminación de la Biblia en el idioma de la gente. Muchos de ellos podían citar todo el Nuevo Testamento de memoria. Algunas de sus doctrinas son como sigue: La fe verdadera va siempre acompañada de buenas obras; Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres; La gracia de Dios se recibe por medio de la fe, y no por los sacramentos; hay que confesar los pecados solamente a Dios, etc.
Tan numerosos eran estos cristianos, que la Iglesia Católica nunca podía exterminarlos completamente. Se refugiaron en los valles del Piamontes y desde allí desafiaron todo intento de desalojarlos.
De aquí vemos que aun en la Edad Media, tiempo del apogeo del Papado y del poder temporal del clero romano, existían fuertes movimientos evangélicos en diversas partes de Europa.
El Amanecer de la Reforma
A medida que la oscuridad de la Edad Media se desvanecía, se hacían sentir, cada vez más fuertes, los clamores por una reforma de la Iglesia, que había perdido su pureza de vida espiritual y había agregado muchas tradiciones y supersticiones a la fe pura de Jesucristo y de los apóstoles.
Además de los movimientos evangélicos ya mencionados, que atraían grandes números de creyentes, aparecieron hombres nobles quienes lucharon por la fe. Uno de ellos era Wycliffe, a quien han puesto el titulo, La Estrella Matutina de La Reforma. Wycliffe vivió en Inglaterra en el siglo XIV. Era un hombre sumamente inteligente. Comenzó atacando los abusos del clero y terminó pronunciándose contra las doctrinas del purgatorio, la transubstanción, la invocación a los santos, y la supremacía del Papa, porque no podía encontrar estas doctrinas en las Sagradas Escrituras.
A principios del siglo XV, unos escritos de Wycliffe cayeron en manos de Juan Huss, eminente profesor de la Universidad de Praga. Perplejo al principio, Huss pronto reconoció que las doctrinas de Wycliffe eran fundadas en las Escrituras. Estaba de acuerdo con Wycliffe en tres de sus puntos esenciales: Que las Sagradas Escrituras eran la única autoridad infalible; que era necesario establecer una disciplina del clero; y que los sacerdotes no tenían ningún poder espiritual, a menos que estuvieran llenos del Espíritu Santo.
Huss fue hecho prisionero por engaño y quemado vivo después de larga prisión. Mas tarde su colaborador, Jerónimo de Praga, sufrió la misma suerte. Airados, los nobles y principales de Bohemia se reunieron bajo el estandarte del gran guerrero Ciska. Tras ardua lucha lograron firmar un concordato entre el Concilio y los Estados de Bohemia, concediéndoles completa libertad de culto. De modo que Bohemia fue el primer país en ganar la libertad de adorar a Dios según su conciencia.
Desgraciadamente el emperador violó su pacto con los bohemios, imponiendo otra vez la ley católica en el país. Nunca pudo borrar, sin embargo, el espíritu del pueblo. Por medio de la obra misionera de los moravos, (dignos seguidores de Huss), los bohemios fueron instrumentos en la salvación de los hermanos Wesley, de Inglaterra, quienes comenzaron el gran avivamiento que resultó en la formación de la Iglesia Metodista.
Mientras Huss y los bohemios luchaban por la libertad religiosa en el centro de Europa, Jerónimo Savanarola levantaba el estandarte en Italia. Predicó contra la tiranía y corrupción del gobierno y de la Iglesia. Pidió un concilio para deponer al Papa y reformar la Iglesia. Por un lapso, tuvo gran éxito en Florencia, pero no pudo resistir por mucho tiempo el poder del clero y de los dictadores del país. Sufrió el martirio en 1498.
Hemos recibido del pasado una herencia de personas piadosas; de vidas espirituales, en medio del paganismo y la corrupción de la Iglesia establecida. Dios siempre ha escogido personas para proclamar su mensaje. Hay una cadena gloriosa de predicadores de santidad a través de Abraham, Moisés, los jueces, los profetas, Juan el Bautista, los apóstoles, los padres de la Iglesia Cristiana y los reformadores, hasta nosotros. Siempre la gente piadosa ha escuchado sus mensajes y se ha arrepentido. Prueba de esto son los grupos evangélicos como los recabitas, los nazareos, los hasidim, los esenios, los novacianos, los albigenses, los valdenses y las iglesias evangélicas del tiempo de la Reforma. Nosotros somos los herederos de estos hombres espirituales. De veras:
Es hermosa la heredad que me ha tocado(Salmo 16:6)
1. Vila, Samuel, El Cristianismo Evangelico a traves de los Siglos. Chicago, IL: Editorial Moody. Pag. 53.
2. Ibid. pag. 59.
3. Ibid. pag. 66.
4. Ibid. pag. 82.
5. Ibid. pag. 103.
REPASO DEL CAPITULO 3
1. ¿Cuál es la razón principal por el nacimiento de movimientos de reforma? _______________
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2. Escriba tres de las creencias de los Valdenses
a. ________________________ b._____________________ c. _____________________
3. ¿Quiénes eran los novacianos? _________________________________________________
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4. Según el autor, es necesario que reformadores salgan de la iglesia establecida para efectuar los cambios necesarios. (verdad o falso)
5. Mencione 2 cosas que heredamos de la historia de la iglesia.
a. _________________________________________________________________________
b. _________________________________________________________________________