UNIDAD 1, CAPÍTULO 1
NUESTRA HERENCIA DEL PASADO
LA MISION DE LA IGLESIA METODISTA LIBRE
La misión de la Iglesia Metodista Libre es hacer conocer a la gente en todas partes el llamado de Dios a la integridad, por medio del perdón y santidad en Jesucristo, e invitarle a entrar a la membresía y preparar para el ministerio a todo aquel que responda por la fe.
NUESTRA HERENCIA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS
La herencia más grande de todas las edades es la Palabra de Dios revelada en las Sagradas Escrituras. Es un tesoro incalculable. Por la Santa Biblia sabemos de la creación del mundo, el principio de la raza humana, la caída del hombre, la historia de Israel, la redención de la humanidad por Jesucristo, y la formación de la Iglesia Cristiana.
La Creación del Hombre a la Imagen de Dios
Dios ordenó este mundo cuidadosamente como habitación para el hombre que iba a formar. Creó la luz y separó las aguas de la tierra. En ella puso toda clase de plantas y animales. Colocó peces en la mar y aves en los cielos. A fin, cuando todo estaba listo, formó al hombre.
Antes de formar al hombre, Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26). Por este pasaje vemos que el hombre fue hecho a la imagen de Dios. Es decir que era un ser perfecto y sin pecado. Además, así como Dios tenía señorío sobre el hombre, el hombre tenía señorío sobre este mundo material. Era posible para el hombre continuar en este estado perfecto, gozando de comunión con Dios. Tenía a su disposición el árbol de la vida y no conocía la muerte.
La Caída del Hombre
Es triste que el hombre no continuara en su estado de felicidad. Engañada por Satanás, la primera pareja desobedeció a Dios. Dios había puesto en medio del huerto un árbol llamado el árbol de la ciencia del bien y del mal. Había prohibido al hombre comer de ese árbol. Adán no tenía que comer del árbol para conocer el bien, pues tenía comunión con Dios mismo y podía aprender de Él todo el bien. El único beneficio, pues, que podría obtener (si cabe llamarlo beneficio) era el conocimiento del mal. Dios no quería que el hombre aprendiera la maldad y sufriese sus consecuencias. Por tanto, le prohibió comer del árbol.
Apelando a la vanidad humana Satanás hizo creer a Eva que sería igual a Dios si comía del árbol de la ciencia del bien y del mal, y que, para evitarlo, Dios le había prohibido comer de él. Engañada así, Eva comió del árbol e indujo a Adán a hacer lo mismo. Inmediatamente el pecado entró a ellos, trayendo sus consecuencias de depravación, separación de Dios y muerte. Desde entonces la humanidad ha sido víctima de una naturaleza pecaminosa y expuesta a la muerte eterna.
La Historia del Pueblo de Israel
Viendo a la humanidad perdida en el pecado, Dios preparó un plan para salvarla. El primer paso en este plan fue escoger un hombre bueno, a través del cual pudiese enseñar su voluntad y preparar un pueblo para recibir al Redentor. El hombre a quien escogió fue Abraham. Este patriarca vivía en un ambiente idólatra y corrupto. Dios le mandó salir de este lugar y le llevó a Canaán, o Palestina, donde podía criar su familia en el amor de Dios. Le prometió hacer de él una nación santa y darle la tierra de Palestina por heredad.
Muchos años pasaron ante de cumplirse esta promesa. El nieto de Abraham llevó a toda la familia a Egipto para escapar del hambre en Palestina. Allí se quedaron muchos años, siendo al fin esclavizados por los egipcios. Después de 400 años Dios escogió un caudillo llamado Moisés, quien sacó a este pueblo de Egipto. Bajo su dirección fueron al monte Sinaí, donde Dios les dio la ley, tanto religioso como civil y moral. Después de organizar a la gente en una nación compuesta de doce tribus, según los doce hijos de Jacob, dejaron el desierto de Sinaí y se encaminaron hacia Palestina, la Tierra Prometida.
Moisés murió ante de llegar a Palestina, pero Dios escogió a Josué para dirigirlos en la conquista de la tierra. Dividieron el territorio entre sí y establecieron su nación en Palestina.
Dios era el rey de Israel y dirigió al pueblo con las leyes establecidas en Sinaí. Los sacerdotes y levitas eran los maestros del pueblo para guiarlos en el camino de Dios. En tiempos de peligro nacional o apostasía, Dios levantó jueces para librarlos. Cuando el pueblo pidió un rey humano, vino el desastre a la nación. Los reyes se sucedieron en el trono por herencia natural o como resultado de alguna revolución, y no porque eran hombres capaces o espirituales. Israel carecía de un guía espiritual. Para dirigir a su pueblo en la fe, Dios mandó profetas que anunciaron sus palabras y llamaron tanto al pueblo como a los reyes al arrepentimiento. Moisés murió antes de llegar a Palestina, pero Dios escogió a Josué para dirigirlos en la conquista de la tierra. Dividieron el territorio entre si y establecieron su nación en Palestina.
Dios era el rey de Israel y dirigió al pueblo con las leyes establecidas en Sinaí. Los sacerdotes y levitas eran los maestros del pueblo para guiarlos en el camino de Dios. En tiempos de peligro nacional o apostasía, Dios levantó jueces para librarlos. Cuando el pueblo pidió un rey humano, vino el desastre a la nación. Los reyes se sucedieron en el trono por herencia natural o como resultado de alguna revolución, y no porque eran hombres capaces o espirituales. Israel carecía de un guía espiritual. Para dirigir a su pueblo en la fe, Dios mandó profetas que anunciaron sus palabras y llamaron tanto al pueblo como a los reyes al arrepentimiento.
Desgraciadamente los israelitas no obedecieron siempre a Dios y se fueron en pos de dioses ajenos. Dios les envió profetas de santidad, pero ni a estos pusieron atención. Por tanto, tuvo que castigarlos con hambre, terremotos e invasiones, hasta que por fin permitió a los babilonios conquistar a Palestina y llevarlos cautivos a Babilonia. Esta desgracia nacional despertó el sentido religioso de los israelitas más piadosos. Se arrepintieron sinceramente de sus pecados y volvieron a Dios. Viendo que el castigo había tenido el efecto deseado, Dios abrió el camino para que volvieran a su país aquellos que se habían arrepentido. Regresaron a Jerusalén y reconstruyeron el templo de Dios que había sido destruido por la invasión. Tan sinceros eran estos hombres, que jamas volvieron a servir a ídolos; antes siempre sirvieron al único Dios verdadero. Habiendo así purificado su pueblo escogido de la idolatría, y despertado en ellos un vivo celo religioso, Dios podía proceder con el paso más importante en la salvación del mundo: es decir, mandar a esta Tierra al Redentor, Jesucristo.
La Redención de la Humanidad
Para salvar a la humanidad de sus pecados, era preciso para Dios venir a vivir en este mundo, revelarse así a nosotros, y por fin, morir por nuestros pecados. Dios bajó al mundo en la forma de Jesucristo, la segunda Persona de la Bendita Trinidad. Jesús nació en Belén, de la virgen María. No tenia padre humano, pues las Escrituras dicen claramente que Jesús fue concebido en el vientre de la Virgen, por el Espíritu Santo de Dios–la tercera Persona de la Trinidad. Así que Jesús era Dios, porque tenía a Dios por Padre, y era a la vez humano, porque la virgen María era su madre. De modo que Jesucristo era, a la vez, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Su propósito de venir al mundo fue salvar a los hombres de sus pecados. Dios es santo, y no puede tolerar el pecado en nadie. Por tanto, la ley de Dios dice: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:20. Puesto que todos hemos pecado, Dios nos ha condenado a la muerte. Nuestra única esperanza es Jesucristo. Siendo Dios, Él vivió en este mundo sin mancha y sin pecado. ¡Él es el único que ha vivido así! Porque no pecó, no tenía que morir, pues la muerte es la paga del pecado. Sin embargo, Cristo murió voluntariamente en la cruz del Calvario por nosotros. No murió Jesús por sus propios pecados, sino por los nuestros. Así que Él ofrece por mérito de su sangre derramada por nosotros, el pleno perdón de nuestros pecados, puesto que Él sufrió esa pena en nuestro lugar. Ese fue su propósito al venir al mundo, y, cuando lo hubo cumplido, volvió al cielo, donde espera a aquellos que confían en Él.
Nuestra herencia de las Sagradas Escrituras es el conocimiento del plan de Dios para la preservación y salvación de la humanidad. En sus paginas bellas leemos del amor de Dios para con nosotros; su tristeza por causa de nuestros pecados y su plan incomparable para la salvación de la humanidad. También aprendemos que en todas las edades Dios tiene sus caudillos para proclamar su palabra y dirigir a su pueblo. Estos caudillos son escogidos por Él, y dirigidos por su Santo Espíritu y no por selección humana o por herencia. Con el Salmista podemos decir,
Es hermosa la heredad que me ha tocado (Salmo 16:6).
REPASO DEL CAPITULO 1
1. ¿Cuál es la herencia más grande que posee el cristiano? _______________________________
2. Cuando el pueblo de Israel abandonó a Dios, ¿Cuál fue la estrategia del Jehová para que volvieran a Él? _________________________________________________________________
3. ¿Cuál es la herencia que tenemos de la Sagradas Escrituras? ________________________________________________________________
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4. Escriba tres elementos fundamentales de la misión de la Iglesia Metodista Libre.
a.____________________________________________
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c.____________________________________________